Ser dueña de casa es, precisamente, gerenciar

Lee la columna de Paula Poblete, adherente del territorio de Ñuñoa-Providencia, publicada hoy en El Dínamo

Las declaraciones del ex coronel de la DINA, hoy alcalde de Providencia: si quieren cambiar a un gerente por una dueña de casa, es cosa de ellos”, además de imprecisas en un sentido -Josefa Errázuriz es socióloga, jubilada luego de trabajar 33 años en el PNUD, donde su último cargo fue: GERENTE de Operaciones en Chile-, y acertadas en otro –sí, es cosa nuestra, de los vecinos; es nuestra decisión soberana-, son tan peyorativas que me parecen inaceptables.

Es probable que para una mujer con pocos estudios y escaso mundo fuera de su casa, sea difícil hacerse cargo de una municipalidad. Pero en vez de andar ofendiendo a esas mujeres, sería más provechoso, hacer algo para que esa situación cambie.
En el mundo occidental se ha considerado conveniente la incorporación de la mujer al mercado del trabajo, pues “impacta positivamente sobre un conjunto de capacidades, desde la obtención de ingresos propios o la formación de capital humano, hasta las subjetivas como el sentimiento de empoderamiento y la capacidad para formular proyectos de vida propios” (PNUD, 2010, “Desarrollo Humano en Chile. Género: los desafíos de la igualdad”). Además, es una de las maneras más efectivas para superar la pobreza, al hacer que el hogar cuente con dos ingresos monetarios.
La tan baja tasa de participación laboral femenina en Chile (48% en 2011, INE), país que tiene altas tasas de escolaridad, bajas tasas de fecundidad y una economía sana, da cuenta de “que no basta con disponer de ciertas condicionantes estructurales; además parece necesario atender a los condicionantes culturales e institucionales que pueden contribuir a expandir o limitar el avance hacia una mayor igualdad de género” (PNUD, 2010). ¿Ha hecho algo al respecto el alcalde Labbé?
En Chile vivimos asumiendo una fuerte división sexual del trabajo, donde la mujer se hace cargo de las tareas domésticas y el hombre se ocupa de proveer los medios materiales para la subsistencia de la familia. El peor de los mundos, ha surgido en las últimas tres décadas, cuando la mujer ha ingresado masivamente al mercado laboral, sin que con ello se haya alterado significativamente la responsabilidad sobre el trabajo doméstico y reproductivo, es decir, la mayoría de ellas tiene doble jornada de trabajo, una fuera y otra dentro de la casa.
Para que lo entienda el alcalde Labbé, diremos que en Chile la mayoría de las mujeres son las que “gerencian” sus hogares. El 39% de ellas, sin cooperación alguna y otro 39%, con alguien a quien poder encargarle ciertas tareas (PNUD, 2010). Ser gerente de una casa, con la enorme variedad de aristas que eso tiene -incluso con una empleada doméstica a quien dirigir-, es una responsabilidad que consume muchas energías diarias. La subestimación del espacio que ocupa en la cabeza y en la agenda, una labor de este tipo, es generalizado.
Y los gerentes ganan más dinero que los que “hacen la pega”, porque es clara la valoración que se tiene del“ser responsable”. Esto debiera considerarse a la hora de valorar las funciones al interior del hogar. ¿Quién sabe cuántos rollos de papel higiénico quedan? ¿Están todos los ingredientes necesarios para cocinar esta semana? Es bien distinto ir al supermercado y simplemente comprar lo que dice la lista…
Las razones de la división sexual del trabajo son ancestrales, y no producto de alguna diferencia biológica(como el sexo), sino que fruto de una construcción social e histórica (como son las relaciones de género). Pero los tiempos han cambiado y no resulta razonable perpetuarla. Es uno más de los abusos contra los cuales hoy nos debiéramos levantar. Se trata de cambios culturales muy profundos y sin duda la tarea será de largo aliento, pero hay que hacerlo, porque por sí solas, las desigualdades de género no van a desaparecer. Y necesitamos que lo hagan, porque seremos un país desarrollado sólo cuando cada una y cada uno de nosotros pueda desplegar toda su potencialidad. Mientras haya mujeres esclavas de su condición sexual, esto no será posible.
Al compartir los roles, la mujer dispondrá de un tiempo y de una energía que podrá dedicar a su progreso. Podría dedicar estos recursos a alguna actividad productiva, como su empleo o alguna actividad que contribuya a su cultivo, como leer, hacer deporte, participar en alguna iglesia o partido político, o disfrutar con sus amistades. También podría dedicarlos a aumentar la calidad del vínculo con sus hijos o simplemente a dormir un poco más, y de cualquier manera, será un progreso para ella, y con eso, para la sociedad toda.
La vida en sociedades más avanzadas, es la prueba de que es posible vivir de otra forma. Es factible compartir la responsabilidad sobre la casa y los hijos ¡¡Los hombres no son unos inútiles!! Es lo que le han hecho creer al mundo, especialmente a las mujeres, ¡¡porque les ha convenido!! Y por supuesto, es posible que las mujeres ocupen gerencias en empresas y cargos públicos de alta investidura. De hecho, es totalmente factible que una mujer ocupe la alcaldía de Providencia.}
Publicada en El Dinamo